Por una política revolucionaria ante la cuestión nacional

David Cruz y Santiago Lupe

El atentado de la Terminal T4 ha venido a demostrar todo lo que los compañeros de Clase contra Clase veníamos exponiendo a los demás grupos que se reclaman del marxismo revolucionario, y en particular, de los grupos como El Militante y En Lucha (Ver polémicas en el nº 0 de Contracorriente). En este articulo queremos analizar brevemente las posiciones de los distintos grupos del Estado español provenientes del trotskismo como El Militante, En Lucha, el POR, el PRT, etc...

No existe en la extrema izquierda ninguna diferencia en el análisis del proceso de paz. Todas las declaraciones de los distintos grupos que han ido saliendo a lo largo de los meses podría ser copiada por cada organización, y no se notaria la diferencia. Desde el principio todas ellas han visto con optimismo el llamado “proceso de paz”, y, ya sea con matices o sin ellos , todas ellas coinciden en que era posible no ya un “escenario de paz” (¡!) en Euskadi, sino el posible reconocimiento del derecho de autodeterminación por el Gobierno de Zapatero. Y, a pesar de que ZP no ha movido ni un pelo por el acercamiento de presos, ni por alguna excarcelación tan evidente como la de De Juana Chaos, o incluso por la legalización de la izquierda abertzale, estos “trotskistas” quieren, de nuevo, “sacar de los escombros” al proceso de paz reaccionario.

El Gobierno de ZP ha utilizado directa e indirectamente el poder judicial, y otros métodos, para tratar de domesticar a Batasuna, poniéndola contra las cuerdas sin darle la más mínima concesión. Esta política del Gobierno del PSOE se ha vuelto en contra suya, y después de todo eso, ha lanzado una ofensiva tratando de alcanzar un acuerdo con todas las fuerzas políticas, aunque todo apunta a que deberá conformarse con el apoyo de los grupos nacionalistas y la izquierda del d arco parlamentario. Y, a pesar de ello, los grupos que derivan de la IV Internacional insisten en agarrararse como a un clavo ardiendo en confiar el futuro de las libertades y del derecho a la autodeterminación al mismo Gobierno que se jacta de haber hecho menos por los presos y sus demandas que el propio Partido Popular con la tregua de 1998 (en la cual, el PP hizo pequeños acercamientos de presos como concesión).

No hay ni una sola voz crítica y con una visión de clase independiente del Gobierno o Batasuna dentro de las corrientes de la extrema izquierda. Todo ello nos hace pensar que se colocan perdidamente o como consejeros de la política derechista del PSOE, al dejar en sus manos algo que tiene que ser resuelto por la propia clase obrera, o como seguidistas del Batasuna, en su búsqueda de una claudicación “honrosa” ante el Estado español siguiendo el modelo irlandés.

¿Qué clase puede dar solución a la cuestión nacional?

Algunos de los grupos de extrema izquierda ponen toda su energía en hacer confiar a las masas en el gobierno socialliberal de ZP. Y, en vez de dedicar toda esa fuerza en levantar una política independiente de la clase obrera, ayudan a que esta misma clase tenga plenas confianzas en una mesa de dialogo o en el propio Gobierno. Su suman al sueño utópico de las mentes de la pequeñaburguesia radical, que sí espera que su amo les de algunas migajas (legalización, acercamiento de presos, fin de la ofensiva represiva…) o incluso el pastel entero (los derechos democráticos del pueblo vasco).

No tienen una política audaz, una política de clase. Para Clase contra Clase una política así sería la de explicar pacientemente que sólo la clase obrera vasca, en alianza con los trabajadores del resto del Estado, en una lucha independiente contra el régimen existente podrían poner fin a la opresión nacional. Esta política rechaza frontalmente la posibilidad de que ZP o Rajoy (que representan a los principales partidos que sostienen el régimen bipartidista y burgués) sean parte de la solución de la cuestión nacional, sino por la propia clase obrera desde las fábricas, los institutos y los barrios. Una política así sería poner en duda la capacidad de ZP, y de cualquier gobierno burgués, para llevar adelante las tareas democrático-burguesas. Se pondría en cuestión sus propios métodos, que buscan la presión dentro de los límites del régimen, como instrumento para arrancar los derechos democráticos, y que en ultima instancia, niegan la perspectiva de la necesidad de luchar por una Republica Obrera para llevar a cabo las tareas democráticas unidas a las socialistas, haciendo posible una paz, en base al fin de la opresión nacional, y no una “paz” al estilo de los ZP, y los Rajoy, manteniéndola.

Unos con una política de presión al Gobierno del PSOE, y otros reproduciendo el discurso de Batasuna, que con el proceso de paz ha estado esperando la concesión dialogada de las libertades democráticas de la izquierda abertxale y los derechos democráticos del pueblo vasco, pero en todo caso todos poniendo esperanzas en que un proceso de paz dialogado entre el Gobierno y ETA podría solucionar la cuestión nacional, negando así en la práctica que solo la clase obrera es la capacitada para resolver las demandas democráticas en su lucha contra el régimen burgués por la construcción de una sociedad socialista.

La burguesía española ya se mostró incapaz, no hace tantos años, de resolver cuestiones democráticas, como la cuestión nacional. En la Transición, los franquistas reciclados y los dirigentes del PSOE y el PCE (que se preparaban para participar como partidos del régimen burgués) sellaron una Constitución que negaba categóricamente el derecho de autodeterminación, consagrando la “Unidad de España” e imponiendo una figura medieval, la Monarquía, para garantizarla.

El Militante (en su nº de Enero de 2007) admite, muy bien, que “la estrategia de quienes apoyan el llamado proceso de paz en el parlamento español y europeo ha sido dilatar en el tiempo los contactos y la negociación, mientras a través de la represión pretendían probar la determinación de ETA de abandonar las armas y su solidez interna. Su objetivo no es el reconocimiento de los derechos democráticos sino, siguiendo el modelo de Irlanda del Norte y el camino emprendido por el Sinn Fein y el IRA, llevar a la izquierda abertzale al terreno de la lucha institucional con la esperanza de convertirla en una opción política que no represente ninguna amenaza para el sistema”. El Militante esconde a sus militantes y a los lectores, como puede, que ese proceso esta liderado por ZP. Carga las tintas contra el “parlamento español y europeo”, olvidándose de lo que hace el Jefe del Gobierno. Leyendo sólo esta parte del artículo se podría llegar a la correcta conclusión de que ZP no pretende reconocer el derecho de autodeterminación, sino solo domesticar a la izquierda abertzale. Muchos militantes de este grupo, podrían llegar a la conclusión de que es necesario organizar a la clase obrera de forma independiente para luchar contra el Gobierno de ZP. Sin embargo en el mismo articulo E.M declara que “Si el gobierno de Zapatero fuera realmente un gobierno socialista, rompería con el Partido Popular con CIU y el PNV y movilizaría a la clase trabajadora y la juventud en defensa de los derechos democráticos de las nacionalidades históricas, al tiempo que aplicaría una política en beneficio de la mayoría de la población. Pero evidentemente todos los hechos demuestran que el gobierno del PSOE no quiere romper con la lógica del capitalismo”. Y E.M., a pesar de tener claro que el PSOE es un partido patronal (no rompe con la lógica del capitalismo) y que fue el principal obstáculo junto al PCE en la Transición para conquistar las principales demandas de la clase obrera (ver su 1ª declaración), sigue aconsejando a estos partidos sobre como hacer política de izquierdas. Es más, aconseja a que un partido patronal (como ellos admiten) que pertenece al Estado burgués, tenga que comprender que lo “determinante para que haya una solución a la cuestión nacional es movilizar a la clase trabajadora”. ¿Y quién debe hacerlo? Para los compañeros de EM, los mismos que en la historia reciente han negado los derechos democráticos del pueblo vasco, el PSOE e IU. En su declaración tras los atentados podemos leer : “La rápida iniciativa de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) promoviendo movilizaciones de carácter reaccionario contrasta con la parálisis y la miopía de los dirigentes del PSOE e IU, que no comprenden que lo determinante para que haya una solución a la cuestión nacional es movilizar a la clase trabajadora y la juventud en defensa de los derechos democráticos alejándose de las posiciones represivas del PP”. El Militante acaba con toda la teoría de la Revolución Permanente de Trotsky, que explica que solo el proletariado organizado democráticamente como clase dominante puede llevar a cabo no ya las tareas socialistas, sino las demandas democráticas que el régimen burgués no ha resuelto y que no puede resolver. No sacan lecciones de la historia, ni aplican en su política concreta las caracterizaciones más estratégicas de su prensa y declaraciones. En vez de explicar que la solución a la cuestión nacional pasa por la organización y lucha independiente de la clase trabajadora, apelan a las direcciones del estalinismo y el reformismo, para que tomen en sus manos la organización de nuestra clase.

Con esta misma postura política predican otros grupos que se reclaman del trotskismo. En Lucha al hacer una balance de la política de ZP explica que es “Un gobierno que se jacta de no haber dado ningún paso (de haber hecho menos que el PP en la tregua de 1998), que se felicita por la efectividad de la Audiencia Nacional contra la izquierda abertzale y hacer bandera permanente de los límites impuestos por la Constitución española”, y acaba diciendo que es necesario “Mover de nuevo al gobierno hacia la necesidad del diálogo”.

En la misma línea se encuentra la sección oficial de la LIT-CI, el PRT-Izquierda Revolucionaria, que después de ver al Gobierno “socialista” como responsable de la incapacidad política, reconoce, que “Sin embargo, el único horizonte político para la izquierda [...] es recuperar el proceso de paz, sacarlo de debajo de los escombros y volver a crear las condiciones para su desarrollo. Ese convencimiento profundo, que por otra parte parece estar latente en los distintos electorados de las izquierdas, inevitablemente ira acompañado de la experiencia de que el proceso de paz es demasiado importante para dejarlo exclusivamente en manos del Gobierno y de ETA, o incluso de los partidos políticos institucionales”. En cuanto a Espacio Alternativo, del Secretariado Unificado, no hay nada distinto… “promover el protagonismo de la voz y la acción en la calle, en Euskadi y en el conjunto del Estado español” para llamar al Gobierno “socialista” a que se den “pasos adelante en la creación de un foro de partidos que pudiera debatir sobre las vías de solución política de un conflicto que debería tener en el respeto al derecho a decidir su futuro por parte del pueblo vasco”. Otorgan a la facción “progre de la burguesía española el protagonismo y la iniciativa en la resolución de la cuestión nacional llegando a lamentarse de que “el Gobierno Zapatero se ha declarado impotente. Ni desde el Ministerio de Justicia, ni desde la Fiscalia General ha sido capaz de una movilización de los sectores progresistas de la judicatura y la fiscalía a favor del proceso de paz”.

Ya sea hablando de la movilización extraparlamentaria o de la organización de colectivos por los derechos democráticos (Espacio Alternativo) todos coinciden en la visión mecanicista de presionar al Estado burgués, sin ver la necesidad de la lucha de clases (y del proletariado como sujeto activo) como principal motor de las conquistas hacia el socialismo. Si para Trotsky el terrorismo individual era “inadmisible precisamente porque empequeñece el papel de las masas en su propia conciencia, las hace aceptar su impotencia y vuelve sus ojos y esperanzas hacia el gran vengador y libertador que algún día vendrá a cumplir su misión”, para nosotros la política de los actuales grupos de la extrema izquierda parece semejarse a una especie de “terror oportunista”, al volver los “ojos y esperanzas hacia el gran vengador y libertador” José Luis Rodríguez Zapatero. Todas las posiciones, en mayor o menor medida, niegan el papel protagónico de las masas, bien reduciéndolo a la presión sobre el Gobierno ZP (como El Militante) o bien defendiendo que sea una mesa de partidos la que resuelva la cuestión nacional (como hace En Lucha). Incluso la defensa de un referéndum dentro de los límites del régimen, es llevar a un callejón sin salida la lucha por el derecho de autodeterminación, los ejemplos históricos demuestran como los plebiscitos han sido utilizados por la burguesía para desviar crisis de importancia, así como que sólo la lucha revolucionaria del proletariado ha dado respuesta progresiva a las demandas democráticas que la burguesía se había mostrado incapaz de resolver.

Pero, después de escuchar las sentenciosas palabras del dirigente de la Revolución Rusa citadas arriba, los compañeros de El Militante, el PRT, En Lucha, y seguramente Espacio Alternativo gritarán como metódicos ortodoxos excusándose en que existen sectores progresistas y sectores conservadores dentro del PSOE, y que a través de la movilización y las circunstancias concretas, este sector progresista con Zapatero, Rubalcaba y demás ministros a la cabeza podrán dar un giro a la política en post de la revolución socialista (es decir, en llevar a buen puerto las tareas de la clase obrera). Es así, como en últimas consecuencias, se plantea su táctica, que es casi ya una estrategia. Desde Clase contra Clase, consideramos que todos los avances que se han obtenido en post de la revolución socialista ha sido realizada a través de la lucha de clases, de la organización independiente del proletariado, y no a través de la lucha en las alturas, en la superestructura estatal entre dos fracción de la burguesía. Puesto que, a pesar de que Rubalcaba o ZP tienen un “exquisito talante”, pertenecen al partido que firmo la Conciliación Nacional de 1978, el partido que armó a los asesinos del GAL, y que en ultima instancia pretende domesticar a la izquierda abertzale a través del juicio indiscriminado de los luchadores y de la institucionalización de Batasuna como admiten la mayoría.

Pongamos en hipótesis que esta lucha entre las fracciones de un partido patronal puede dar lugar a avanzar en la organización del proletariado, y en definitiva a realizar las demandas democráticas y sociales. Si como bien decía El Militante “El gobierno, habla del fin negociado y definitivo del terrorismo, cuenta con el aval de toda la cámara a excepción del PP, cuenta en esa cuestión con el respaldo de hasta un 65% de la población, que le gustaría ver resuelto el problema del terrorismo. Mientras la represión se endurece, ETA reitera en sus comunicados el cese definitivo de los atentados y la voluntad de negociar”. Si el Gobierno de ZP tiene la mayoría del apoyo, y en el País Vasco las manifestaciones de masas son continuas, y si partimos del axioma de que la presión de las masas puede presionar a un sector progresista de un partido patronal ¿Cómo es posible que el Gobierno no haya dado un giro de izquierdas en su política?. Podremos buscar la excusa en el acoso del PP y la AVT, pero, ¿y si hubiera habido consenso entres las distintas facciones como ocurrió en el proceso irlandés?, que paz se podría haber conseguido, ¿la socialista que acaba con la opresión nacional?, ¿o la burguesa que la mantiene eliminando la lucha nacional de la nación oprimida?

Por una campaña en defensa de los derechos democráticos de las nacionalidades oprimidas desde un punto de vista de clase.

Para los compañeros de Clase contra Clase es necesario que los individuos y grupos que nos reclamamos del marxismo revolucionario levantemos una posición independiente. Ajena y enemiga de todo campo burgués, ya sea español o vasco, que denuncie su incapacidad para resolver las tareas democráticas del Estado español, y que confronte con las distintas variantes del campo de la pequeña burguesía, que ve en la alianza con la burguesía nacionalista vasca y en el diálogo y presión a la burguesía española (ya sea con atentados o con mesas de diálogo) el camino para conquistar el derecho de autodeterminación.

Hay que denunciar abiertamente el proceso de paz, y no ser los portavoces más empedernidos que defienden su resurrección. Alertando de cual es el propósito de la burguesía española, domesticar al MNLV y mantener la opresión nacional, y de la vasca, usar la opresión nacional demagógicamente para obtener mejores condiciones del Estado central. No debemos sembrar ninguna esperanza en este proceso entre la vanguardia de que “era posible” una paz justa si ZP hubiese contado con más determinación o si el PP y la AVT hubiesen hecho frente común con el Gobierno.

Todo lo contrario, hay que explicar pacientemente el carácter endémico de la opresión nacional en el régimen burgués español, y como la tarea democrática de acabar con ella no podrá ser resuelta en los marcos de este sistema. Sólo la clase trabajadora vasca, en unión con sus hermanos del resto del Estado, pueden tomar en sus manos esta tarea. Contra aquellos que apuestan por el dialogo, las mesas de partidos y otras variantes conciliadoras debemos levantar una alternativa revolucionaria, la de la lucha de clases.

Los grupos de la extrema izquierda del Estado español deben abandonar toda lógica consejerista hacia el Gobierno de ZP y todo seguidísmo a la dirección de Batasuna, defendiendo la organización independiente de la clase obrera y la lucha revolucionaria de masas para acabar con el régimen capitalista y construir una República Obrera y Socialista, la única capaz de reconocer el derecho de autodeterminación y terminar con toda opresión nacional haciendo posible la convivencia fraternal de todos los pueblos del Estado español en una Federación de Repúblicas Socialistas.

Con una política revolucionaria, que recoja el legado histórico y teórico de la Revolución Permanente, se podría arrancar a sectores del MLNV que puedan encontrarse sin rumbo ante los zig zags de su dirección, atrapada en una lógica pequeño burguesa que o bien mediante el terrorismo individual o bien mediante la negociación pretenden liberar al pueblo vasco del yugo españolista. Más de 40 años de terrorismo individual y el fracaso de esta último proceso de paz dejan a muchos jóvenes y trabajadores vascos que desean luchar por los derechos nacionales de su pueblo perdidos sin un rumbo claro. Los revolucionarios del Estado español debemos levantar una alternativa revolucionaria para tratar de aprovechar el impulso que una lucha democrática puede darle a la lucha por el socialismo.

Proponemos a todos los grupos e individuos que se reclaman del marxismo revolucionario abrir un debate público entre nuestros militantes y la vanguardia en general para emprender este camino. Sólo con iniciativas como ésta podremos poner las bases para construir un Partido Revolucionario en el Estado español con una política obrera independiente y un programa revolucionario que se prepare para ser la vanguardia de la revolución socialista en nuestro país.