| “Habría sido bastante posible que el presidente introdujera una ley habilitante en la Asamblea Nacional
para nacionalizar la tierra, los bancos y las industrias clave bajo el control y gestión de los trabajadores.
Esto habría roto el poder de la oligarquía venezolana. Además, se podría haber hecho de modo legal
a través del parlamento elegido democráticamente, porque en una democracia los representantes
elegidos por el pueblo se suponen que son soberanos”.
Alan Woods, dirigente de la CMI
“La revolución venezolana en la encrucijada”
13/01/08
Venezuela y Pakistán
Una ilustración del divorcio con el marxismo revolucionario
de la Corriente Marxista Internacional y El Militante
David Crux y Santiago Lupe
En el número 4 de Contracorriente publicamos una polémica con la corriente “El Militante”, grupo en el Estado esapañol de la Corriente Marxista Internacional (CMI) sobre su apoyo sin límites al proyecto nacionalista-burgués de Chávez en Venezuela.
En este número no pretendemos hacer una reedición de aquella polémica, sino profundizar en las consecuencias que la lógica chavista de esta corriente está teniendo en sus posiciones sobre diversos escenarios de la lucha de clases a nivel internacional.
El objeto de este artículo es analizar hasta donde llega el divorcio con el marxismo de la estrategia y política de este grupo, en base a sus posiciones sobre acontecimientos de actualidad de gran resonancia, como lo son el apoyo sin limites a Chávez, incluso después de que una buena parte de su base social diera la espalda a su proyecto de reforma constitucional, y su militancia orgánica como “corriente marxista” dentro del Partido Popular Pakistaní (PPP) de los Bhutto y su apoyo crítico a la política llevada a cabo por el PPP en la fase actual en Pakistán.
La estrategia es para los revolucionarios la brújula con la que orientarnos hacia nuestro norte revolucionario. La “averia” de este instrumento lleva a una prácticatan ajena a los intereses de los explotados como lo es ser el aliado del nacionalismo burgués venezolano y a la vez del partido, el PPP, por el que apostaba EEUU para estabilizar un país clave en su estrategia de “lucha contra el terrorismo” en Asia central. Diluir el marxismo en el apoyo acrítico a cualquier proyecto con cierto apoyo de masas rompe por completo principios básicos del marxismo como la independencia de clase, la apuesta por construir la hegemonía proletaria, la conquista del poder y la destrucción del Estado burgués en base a la construcción de un orden nuevo, el de los explotados.
Un breve repaso a la estrategia de esta corriente
Retomando a su manera la estrategia del “entrismo sui generis” defendida por Michel Pablo en el interior de la IV Internacional, las dos figuras principales de la actual CMI, Ted Grant (fallecido en2006) y Allan Woods, fueron reformulando, a partir de la constitución de su corriente internacional en 1964, una concepción bien peculiar de la estrategia revolucionaria del proletariado[1].
Para Grant y Woods los revolucionarios debían militar como tendencia organizada dentro de los partidos tradicionales de la clase trabajadora, los PC,s y los PS,s en los países capitalistas avanzados (en el Labour Party británico por ejemplo) o en aquellos semicoloniales en los cuales existiera una tradición de movimiento obrero social demócrata o estalinista de masas[2]. En los países en los cuales el movimiento obrero y de masas hubiera sido hegemonizado por corrientes nacionalistas burguesas, la tarea de los marxistas revolucionarios sería militar en las filas de aquellos partidos. En la actualidad, la CMI milita en las filas del PRD mexicano o del PPP pakistaní.
El presupuesto de Grant no era sólo que esta táctica era un giro puntual para vincularse orgánicamente con sectores del movimiento obrero y romper el aislamiento de los revolucionarios. Lejos de ser una mera táctica coyuntural para luego romper con aquellas corrientes históricas en pos de construir o reforzar las bases de partidos obreros revolucionarios independientes capaces de actuar en forma independiente en la lucha de clases, el entrismo teorizado por Grant era una estrategia que se basaba en una permanencia absoluta e indefinida en aquellos corrientes[3]. Se trataba en realidad de una política que articulaba la lucha por ganar puestos de dirección en el seno de aquellos partidos tradicionales con la convicción de que mecánicamente todo auge obrero y popular pasaría automáticamente por los canales estas organizaciones. En fase de auge de la conflictualidad de clases, éstos se verían llevados por la presión misma de la lucha obrera a romper con el status quo burgués que en última instancia defienden sus direcciones. A este punto, la “corriente marxista” del partido, los grantistas, actuarían como factor de presión sobre el ala izquierda de las direcciones tradicionales para dirigir consecuentemente el proceso revolucionario en vez de estancarlo o directamente se constituiría en alternativa de dirección.
La idea básica del bolchevismo leninismo, confirmada después de la revolución de Octubre por toda la historia del movimiento revolucionario, terminaba siendo rotundamente negada. Impresionados por los éxitos de las revoluciones coloniales y estalinistas de posguerra, ya no era menester construir partidos revolucionarios independientes, ni organismos de autodeterminación de las masas (soviets) para llevar a cabo la revolución socialista. Era menester presionar por izquierda a las direcciones tradicionales para avanzar al socialismo o en todo caso, al menos, impedir como lo plantea Woods que “después de un Nasser viniera un Sadate”, es decir presionar para que las direcciones tercermundistas, socialdemócratas o estalinistas, actuaran consecuentemente. Como lo iremos viendo, esta estrategia profundamente impregnada por un análisis impresionista de la realidad mundial de posguerra es la que sigue sustentando hoy en día la orientación política de la CMI, y esto a pesar de que muchos de los partidos de los cuales forman parte orgánica los grupos de la CMI y que otrora eran “partidos obreros burgueses” en los países centrales o “partidos nacionalistas de izquierda” en el llamado Tercer mundo pasaron a ser agentes directos, activos y permanentes de la burguesía y del imperialismo cómo lo demostró no sólo el PSOE sino también los mismos gobiernos neoliberales encabezados por el PPP de Bhutto en los 80 y 90.
Desde este punto de vista, la estrategia actual la CMI que consiste en actuar como la voz más aguda de los coros de apoyo al nacionalismo-burgués venezolano y al mismo tiempo del pro-imperialismo pakistaní es sólo aparentemente paradójica. No lo es a la luz de su historia como corriente y tomando en cuenta su norte estratégico. La lucha de aparatos con influencia de masas (o con una supuesta influencia de masas) que mecánicamente han de chocar con los intereses de la burguesía y del imperialismo (aún cuando directa o indirectamente sus direcciones actúan como agentes de una fracción de la burguesía o de uno de los bloques imperialistas) suplantó desde hace décadas para la CMI la pelea por que el proletariado y sus aliados, independientemente, al calor de los embates de clase, pelee por su propria hegemonía y poder a través de la constitución de sus órganos de autodeterminación, es decir soviet, consejos, juntas revolucionarias o cómo el movimiento de masas bajo distintas latitudes bautizó a sus proprios órganos de poder[4]. Si la estrategia es la brújula de todo revolucionario, podemos decir que la CMI en su claudicación a cualquier dirección de masas ha magnetizado todos sus extremos y se encuentra en un rumbo zigza-gueante que le aleja cada vez más de poder aportar algo al proletariado y los explotados en su tarea histórica de emanciparse.
La negativa a la caracterización
Todo grupo revolucionario ha de contra con una premisa fundamental para definir su praxis, la de saber a qué realidad se está enfrentando, es decir caracterizar el fenómeno al que debemos atender. Sin embargo la CMI en su prensa prefiere omitir cualquier análisis en profundidad de cuál es el programa y la acción del Gobierno de Chávez o en qué consistieron los tres gobiernos del PPP, en particular los últimos dos gabinetes presididos por Benazir Bhutto en los cuales el PPP actuó como agente directo de las reformas neoliberales en Pakistán y dique de contención del movimiento de masas, tanto como de la orientación del PPP de Bhutto en los últimos años. Los acuerdos con empresarios bolivarianos, el retroceso en la distribución del PIB venezolano entre capital y salario, la mejora de los beneficios de empresarios y banqueros… por un lado o el acuerdo tripartito entre Washington, Musharraf y el PPP de Bhutto para darle una fachada “democrática” a la dictadura pakistaní no son objeto que deba determinar qué política... Lo único que importa es el discurso más o menos radicalizante de los figurones y el apoyo que le brindan las masas. Sólo analizando (parcialmente y en forma muy tendenciosa por añadidura) la verborragia democratizante de Bhutto o socializante de Chávez, la conclusión es rápida: Chávez es revolucionario y el PPP abrirá un proceso revolucionario. Los verdaderos intereses y proyectos que representan no deben hacer virar la política de un grupo que se reclama revolucionario, nada de denunciarlos y alertar del engaño que lo superficial representa para las masas, es más contribuir a
ese engaño embelleciéndolos aún más, pues cuentan con el apoyo de “los marxistas”.
Cuando cuenta más lo que se dice que lo que se hace, la superestcructura política y las remotas raíces populistas de izquierda del PPP que las relaciones de fuerza entre clases, la historia de las ideas y las proclamas demagógicas de Chávez que la lucha de clases, si la CMI fuera una escuela de pensamiento filosófico podría decirse que dejó de lado el método materialista histórico legado por la marxista para volver al viejo idealismo. Tomando en cuenta que la CMI no es un cenáculo académico sino la dirección política de una tendencia que pretende hacer política y tiene en determinados países una influencia entre la vanguardia, su embe-llecimiento de las direcciones tradicionales del movimiento obrero y popular, sus análisis políticos mistificadores, todo aquello no se llama idealismo sino oportunismo, liquidacionismo, colaboracionismo.
El fin del proletariado como sujeto hegemónico de la Revolución
De la no caracterización del carácter de clase de las direcciones de masas surgen otras conclusiones aún más ajenas si fuera posible al mar-xismo revolucionario. Para la CMI en la época actual, “un creciente proceso de toma de conciencia de las masas respecto de la importancia de su intervención política (que tiende a convertirse en revolución) ha llevado al gobierno a grupos políticos no burgueses, que forzados por la extrema debilidad de las instituciones burguesas y por la presión de las masas, aparecen como e-lementos extraños al estado burgués dentro del mismo estado”, es decir “tras fracasar las direcciones de los principales partidos de izquierda en ofrecer un cauce revolucionario” [5]esta tarea hubiera sido tomada por grupos políticos no burgueses (pero tampoco proletarios). Así hubiera ocurrido en la Revolución de los Claveles de Portugal liderada por militares de izquierda, y así ocurriría actualmente en Venezuela o Bolivia.
Es más bien la debilidad subjetiva actual de la clase trabajadora, que se expresa en parte en la escasa intervención del proletariado como clase en los fenómenos políticos más importantes a nivel internacional (a pesar de cierta recomposición en los últimos años) o en la marginalidad de las organizaciones proletarias con una perspectiva revolucionaria, la que ha facilitado el hecho que procesos revolucionarios o de auge agudo de la lucha de clases hayan dado como resultado el surgimiento de nuevas direcciones, no obreras sino burguesas o pequeño-burguesas como la de Chávez o de Morales por ejemplo. No podemos caer en el impresionismo barato dándoles a éstas el carácter de revolucionarias, sino al contrario el de tapones y desvíos para mantener en los márgenes de regímenes más o menos renovados, pero sobre todo en el marco de relaciones capitalistas de producción, aún proclamadas “reformadas”, el ímpetu de las masas.
El nacimiento de un nuevo sujeto revolucionario, los Chávez o Bhutto bien aconsejados
Los dirigentes de la CMI han creído haber encontrado una nueva“clase revolucionaria”, que no es ni proletaria, ni burguesa y ha llegado ha hacerse con la dirección del movimiento de masas, ubicándose por encima de las clases no se sabe muy bien con qué intención. Pero esto no es nada nuevo o “excepcional”, la historia nos ha dejado ejemplos, y de sus lecciones EM parece no haber entendido nada.
Cuando el proletariado no ha podido disponer de una dirección obrera y revolucionaria, ha sido orientado y dirigido por direcciones pequeño burguesas o burguesas, para llevarle a la derrota o la traición, en la mayor parte de los casos. Sin embargo para los trotskistas la posibilidad de que direcciones pequeño burguesas fueran más allá de sus intenciones existe, ya Trotsky en el Programa de Transición advertía de esta posibilidad, ciñéndola a periodos con circunstancias excepcionales. Así exponía:
“¿Es posible la creación del gobierno obrero y campesino por las organizaciones obreras tradicionales? La experiencia del pasado demuestra, como ya lo hemos dicho, que esto es por lo menos, poco probable. No obstante no es posible negar categóricamente a priori la posibilidad teórica de que bajo la influencia de una combinación muy excepcional (guerra, derrota, crack financiero, ofensiva revolucionaria de las masas, etc...)Los partidos pequeño burgueses sin excepción a los stalinistas, pueden llegar más lejos de lo que ellos quisieran en el camino de una ruptura con la burguesía. En cualquier caso una cosa está fuera de dudas: aún en el caso de que esa variante poco probable llegara a realizarse en alguna parte y un “gobierno obrero y campesino” - en el sentido indicado más arriba- llegara a constituirse, no representaría más que un corto episodio en el camino de la verdadera dictadura del proletariado.”
Ejemplos como la Revolución cubana, la china o la experiencia vietnamita, dan cuenta de esta posibilidad. El aislamiento u agresión impe-rialista a aquellos procesos y la existencia de un modelo alternativo al capitalismo, como lo era la deformada URSS, unido a la debilidad de las organizaciones revolucionarias en las segunda posguerra, permitió que Castro, Mao u Ho Chi Min levantaran Estados obreros deformados. Venezuela y Chávez no existen en el mismo contexto excepcional de la llamada guerra fría, y además el devenir de los últimos 10 años han confirmado por activa y por pasiva que la “revolución” bolivariana no piensa en tocar ni uno solo de los fundamentos de la sociedad capitalista. Aún así la CMI espera una repetición de aquellos procesos, pero cuando Trotsky planteaba que estos procesos solo podían constituir “un corto episodio en el camino de la verdadera dictadura del proletariado” mostraba que por sí solos no podían culminar las tareas históricas del proletariado. La deriva de Cuba, China o Vietnam vienen a confirmar que lo más que pudieron dar estas direcciones en una coyuntura excepcional fueron Estados obreros terriblemente deformados y burocratizados, hoy transitados o en vías de hacerlo al capitalismo.
Considerar que EEUU brindaría su apoyo a un PPP en transición a convertirse en revolucionario es cuanto menos ridículo, y en el caso del bonapartismo sui generis de Chávez, los ejemplos del peronismo o el cardenismo nos sirven para entender su naturaleza y el porqué de su apoyo en las masas o el discurso “anti-impe-rialista” y socialistoide.
El legado teórico y político del marxismo revolucionario permite identificar, en base a la experiencia histórica y las principales de la lucha de clases en la periferia semicolonial de todo el siglo XX cuál ha de ser el norte de los revolucioanrios ante fenómenos como el chavismo. Los revolucionarios nos ubicamos en el campo obrero y popular y nacional en los países semicoloniales frente a toda agresión del imperialismo o de la reacción interna. Combatimos el golpe de Estado en Venezuela y el paro sabotaje patronal tanto como defendemos a los activistas del PPP hoy en día golpeados por la represión combinada de la dictadura pakistaní y de los grupos de choque islamistas (mientras el PPP no ha dejado un sólo segundo de transar con Musharraf). A diferencia de la política de la CMI en Venezuela por ejemplo, la orien-tación de los revolucionarios en los países semicoloniales no es la de apoyar lisa y llanamente los regateos de las direcciones nacionalistas en relación al imperialismo o sostener las medidas progresivas que pueden llegar a tomar parcialmente por la presión de la lucha de clases.
Si direcciones nacionalistas burguesas pueden llegar a plantear tareas demoburguesas irre-sueltas por la burguesía (reforma agraria y urbana, independencia nacional, soberanía, ....), el papel de los revolucionarios consiste en pelear por qué la clase obrera acaudillando sus aliados del campo y de las ciudades tome conciencia que sólo ella puede llevar adelante consecuentemente aquellas tareas a través de su movilización autónoma e independiente, transformando aquellas tareas en un programa revolucionario socialista, el único capaz de
sacar aquellos países de la miseria y del atraso.Esta tarea no puede ser obra, ni de los Bhutto, ni de los Chávez, al contrario solo puede hacerse en contra de ellos.
En cambio, los líderes de la CMI han inventado para estos hombres (destacados y reconocidos por la burguesía) una nueva categoría, que no se encuentra en la lucha de clases, ni mucho menos en la estructura social de la época capitalista. Son sujetos que dirigen a las masas sin un proyecto propio, sin un fin que responda a los intereses de ninguna clase social, todo lo que hacen es fruto de que clase les ha presionado más para influenciarles.
Así pues su acción depende de cuanto las presionen las masas, nada que ver con sus intenciones de contenerlas para que la sociedad capitalista pueda seguir su desarrollo sin sobresaltos revolucionarios. Si la presión de masas es mayor a la presión de la burguesía…el proletariado gana. Si, por el contrario, la presión burguesa es mayor a la del proletariado,…el proletariado pierde.¡Esto es un completo absurdo. Para qué sirve aquí el marxismo, si la CMI prefiere las matemáticas puras y elementales de un escolar! Cuanto más se presione a la dirección del PPPoa Chávez, antes avanzarán hacia la revolución, antes expropiará a la burguesía, sus bancos, sus industrias... independientemente del proyecto real que mantienen y que la CMI se niega a ver.
La CMI enseña a sus cuadros a tener confianza en estas direcciones, y cuando estas cometen un “error”, es decir hacen algo coherente con su proyecto político, lo achacan a que han sido más presionadas por la burguesía, o por la burocracia estatal, respecto a la fuerza del proletariado.
El abandono de la teoría marxista del Estado y la lucha por la conquista del poder
La CMI ha limpiado el polvo a las viejas tesis de Kautsky con el fin de defenderlas. Eso sí haciendo algunos tachones, y decorándola con verborrea revolucionaria.
Kautsky consiguió deformar por completo la teoría de Marx acerca del Estado, diciendo que cuando Marx se refería a la “extinción” del Estado, éste lo entendía como la desaparición gradual de la sociedad de clases a través de reformas sociales dentro del Estado burgués.
En referencia a la Reforma Constitucional, pero, más en particular, a cómo, según Woods, llevar adelante las “medidas revolucionarias”, aconseja que la “Revolución Bolivariana” no “debe limitarse a los estrechos límites de las leyes y constituciones burguesas”. Pero dentro de este marco, no se incluye las “leyes y constituciones chavistas”, por eso dice a continuación:
“Habría sido bastante posible que el presidente introdujera una ley habilitante en la Asamblea Nacional para nacionalizar la tierra, los bancos y las industrias clave bajo el control y gestión de los trabajadores. Esto habría roto el poder de la oligarquía venezolana. Además, se podría haber hecho de modo legal a través del parlamento elegido democráticamente, porque en una democracia los representantes elegidos por el pueblo se suponen que son soberanos”.[6]
Es decir que la democracia burguesa “chavista” es la vía para llevar adelante el programa de la revolución. Saca a Kautsky del baúl de los recuerdos, pero como todo joven aprendiz, de la manera más radical. Sin más dilaciones, Woods, “enseña” al pueblo a que confíen en los “representantes de la democracia burguesa”, no ya para resolver problemas parciales del capitalismo, sino para hacer una drástica transformación socialista de la sociedad. ¿Esto es mar-xismo? ¿Dónde quedan concepciones básicas como? “El Estado no es mas que una maquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la republica democrática que bajo la Monarquía”. Las elecciones o el sufragio universal “es el índice de la madurez de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca mas en el Estado actual” por que ésta solo tiene el objetivo de “decidir una vez cada tres o seis añosqué miembros de la clase dominante han de representar y aplastar al pueblo en el parlamento…”. [7]
Y cuando la via parlamentaria o plebiscitaria, tras casi 10 años de “proceso revolucionario”, no da los resultados soñados por la CMI, y es más el proyecto de Chávez (que no avanza al socialismo sino a un régimen bonapartista sui generis más sólido) se encuentra con una de-rrota aplicada por parte de su base social, achacanla culpa de la no transformación socialista de la sociedad a la burocracia, clamando por la depuración del Estado burgués de burócratas y arribistas. Pero precisamente, la burocracia y el ejército tenían y tienen lazos orgánicos con las clases dominantes (como Chávez con los empresarios venezolanos “socialistas”) que les garantizan imponer el orden y la propiedad privada (como ya mencionado “El Presidente” en todas sus declaraciones).Es decir cambian la perspectiva de la toma del poder por el proletariado y la destrucción del Estado burgués, por su reforma por vía legislativa o de decreto en un Estado obrero.
Para la CMI ya no es necesaria la conquista del poder, por lo menos, por la clase obrera. Nacionalistas burgueses, burgueses aliados con el imperialismo u cualquier otro tipo de perso-naje pueden tomar el poder por vía electoral, y si cuentan con un apoyo de masas, a través del Estado actual llevar a cabo un “re-volución desde arriba”, transformando la sociedad y marchando al “Socialismo del Siglo XXI”, si bien haya que separar la paja del trigo entre esta camarilla ajena a la clase obrera.
Conclusión
En Venezuela como en Pakistán nos ubicamos en el campo obrero y popular contra todas las intentonas subversivas del imperialismo norteamericano en nombre de la guerra contra el terrorismo o el narcotráfico, la ingerencia del imperialismo europeo o la política derechista de la reacción interna, pero en total independencia política de las direcciones chavista o del PPP que lejos de profundizar o facilitar el camino de la movilización autónoma e independiente de las masas y del proletariado en clave revolucionaria la obstaculizan y la aislan. La derrota de la derecha golpista agazapada venezolana o de la dictadura de Musharraf en Pakistán no pasará a través del chavismo o y menos aún del pro-imperialista PPP, sino a través de la movilización conciente, autoorganizada y autónoma de las masas venezolanas y pakistaníes que habrán de enfrentarse con aquellas direcciones para llevar adelante una auténtica liberación nacional y social.
[1] El III Congreso de la IV Internacional de 1953 adopta la tesis de uno de sus principales dirigentes, Michel Pablo, que implican una revisión completa del programa marxista revolucionario. El pablismo constata que los principales procesos de transformación social (Europa del Este, revolución china, etc.) han sido dirigidos por el estalinismo. Se prevé por añadidura una guerra inminente entre la URSS y el imperialismo. De aquellos dos puntos principales se concluye que no hay tiempo para poner en pie partidos revolucionarios, que la burocracia estalinista hará la revolución a su manera y que por ende la tarea principal sería empujar a las direcciones existentes (estalinistas en los países avanzados, estalinistas y/o nacionalistas burguesas en los países periféricos) en dirección de la toma del poder, ingresando en aquellas organizaciones. Cuando rompe en 1964 con el SU de la IV Internacional Grant reformula aquella teoría, sustituyendo la inexistente III guerra mundial de Pablo con un análisis mucho más acertado de crecimiento relativo de las fuerzas productivas en el posguerra a lo que habría que añadir el prestigio del estalinismo, lo que reforzaría para todo un período el peso del reformismo. Esto significaría que las tareas de los revolucionarios habrían de concentrarse en un entrismo de larga duración no sólo el los PC y en los partidos nacionalistas sino sobre todo, tomando en cuenta la experiencia inglesa del Partido Laborista que termina absolutizando la dirección de la corriente internacional basada en Gran Bretaña y estructurada alrededor de la revista Militant dentro del PL, en la social democracia.
[2] Ver por ejemplo su analisis del Partido Socialista Chileno durante la Unidad Popular de Allende, en “Lecciones de Chile”, Marxismo Hoy n°5, septiembre de 1998, o sus posiciones en relación al Partido Tudeh (Comunista) iraní antes y durante la revolución, en Zayar, La revolución iraní, pasado, presente y futuro, Fundación Federico Engels, 2001.
[3] El grantismo suele justificar aquella política retomando en forma tortuosa la táctica del entrismo defendida por Trotsky en los años Treinta en la SFIO (social democracia francesa) o el PSOE. El revolucionario ruso sin embargo entendía aquella táctica para que pequeños grupos de revolucionarios aprovechando fenómenos de masas militantes radicalizados que se daban en el interior de los partidos socialdemócratas lograsen influenciar a importantes sectores en perspectiva de romper con los aparatos de la II Internacional y ser una acumulación importante para dar un salto en la construcción de partidos revolucionarios y prepararse en mejores condiciones ante el auge revolucionario que habrá de conocer el mundo a partir de la segunda mitad de los años Treinta.
[4] No es una casualidad por ejemolo si en los dos trabajos citados sobre Chile e Irán sus respectivos autores se centran en un deta-
llado (e impresionista) análisis de la fracción iz-
quierda del PSCH (Altamirano) y del Tudeh iraní, cuya función hubiera tenido que ser dar el famoso paso a izquierda para liderar realmente el proceso revolucionario, mientras que ambas
corrientes actuaban como fuerzas conservadoras y en última instancia preparaban el terreno de la contrarrevolución, y al mismo tiempo no se alude en ningún momento a las herramientas sovietistas puestas en pie por los proletarios y las masas populares (Cordones Industriales chilenos y Shuras iraníes) que representaban la punta de lanza de ambos procesos revolucioanrios y la posibilidad de llevarlos a la victoria. El golpe de Pinochet y la contrarrevolución de los Mullahs llegan precisamente para descabezar aquella fracción más avanzada de sendos procesos.
[5] TMI, “El Estado, un instrumento de dominación de clase” , noviembre 2006.
[6] Alan Wods , “La revolución venezolana en la encrucijada” , 13/01/08
[7] Lenin, “El estado y la Revolución”, 2006, Alianza Editorial, Madrid.
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