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Llamado
internacionalista de la FT-CI
La tarea de la izquierda
ante el proyecto de Chávez
8/03/07
Llamado de la Fracción Trotskista-Cuarta
Internacional a la Liga Internacional de Trabajadores (LIT), cuya
principal organización es el PSTU de Brasil, a la Coordinadora
por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional (CRCI),
encabezada por el Partido Obrero de Argentina, y al Partido Obrero
Revolucionario (POR) de Bolivia, a una campaña unificada
por la nacionalización sin indemnización y bajo control
y gestión obrera de todas las empresas e industrias estratégicas
de Venezuela; a luchar por un partido obrero independiente, y por
un gobierno obrero, campesino y del pueblo pobre en el país.
Partimos de que, así como estuvimos junto a los millones
de trabajadores y el pueblo en Venezuela para hacerle frente al
golpe de abril y del paro-sabotaje de la reacción interna
y del imperialismo, nuestras organizaciones internacionales sostienen
hoy una política independiente frente al chavismo, constituyendo
bases reales para una campaña conjunta.
El presidente venezolano, Hugo Chávez
viene anunciando diversas "nacionalizaciones" en algunos
sectores estratégicos del país. La relativa buena
situación económica y la alta renta petrolera, en
el marco de la crisis de hegemonía norteamericana, dan margen
para el surgimiento de gobiernos como el de Chávez que, con
una fuerte retórica antinorteamericana, busca márgenes
para el regateo de una parte de los recursos exportables de los
países, sin cuestionar las bases estructurales de la dominación
imperialista. Si bien el imperialismo norteamericano, con Bush a
la cabeza, en su inicio hizo llamados de alerta frente a las nuevas
medidas anunciadas por el gobierno venezolano, llama la atención
que hasta sectores de organismos financieros internacionales e incluso
aquellos que alentaron el golpe de abril de 2002 y el paro-sabotaje
petrolero vienen manifestando que las "nacionalizaciones se
hicieron bien y por tanto no tienen por qué generar desconfianza
entre los inversores", tal como lo hizo recientemente el secretario
general del BID, Enrique Iglesias. Los dueños transnacionales
de las empresas sometidas ahora al control del Estado quedaron complacidos
con la compra accionaria, ya que las operaciones se han hecho "de
acuerdo con las cláusulas contractuales y con la justa compensación"
y en las que "las empresas que aceptaron este proceso quedaron
comprometidas con contratos con el gobierno para seguir prestando
un servicio". Pero en su contracara y mostrando una nueva dinámica
ha surgido un sector importante de trabajadores, como lo expresó
la marcha de 6 mil obreros y obreras del 8 de febrero en Caracas,
planteando la lucha por "la nacionalización sin indemnización
de las empresas estratégicas y bajo control obrero".
El ejemplo del control obrero de la producción en la fábrica
Sanitarios Maracay se abrió paso en las calles de Caracas:
desde hace tres meses sus 800 trabajadores la mantienen produciendo
bajo su propia gestión, exigiendo la estatización
sin pago alguno. Estos hechos plantean que es posible que sectores
avanzados del movimiento obrero puedan intervenir con un programa
propio y de forma independiente del gobierno. Mientras Chávez
muestra el verdadero rostro de su solemne discurso, disponiéndose
a pagar a precio del valor de mercado las acciones, tal como se
cotizan en la Bolsa de valores de Caracas y Nueva York, incluso
sobrepasando el valor real de los activos de las mismas, surge un
sector de trabajadores que exigen que las medidas se extiendan al
resto de las industrias del país sin indemnización
alguna y bajo su propio control.
Con la nueva política de Chávez
de concentración de poderes se avanza a una mayor bonapartización
del régimen y del gobierno, dejando la vía abierta
para un potencial giro a la derecha o medidas antipopulares frente
a la eventualidad, por ejemplo, de una crisis internacional que
haga caer el precio del crudo o de una escalada inflacionaria. Esto
va de la mano con la política de reelección indefinida,
modificando la Constitución del país, donde se buscan
los mecanismos jurídicos que den espacio para una especie
de "bonapartismo plebiscitario", donde se suceden elecciones
en las que "la mayoría pobre" vota recurrentemente
por Chávez, pero donde no se realizan cambios sustanciales
ni se resuelven los problemas estructurales de los trabajadores,
los campesinos y el pueblo pobre, ni éstos tienen posibilidad
de discutir y resolver democráticamente, como hemos visto
a lo largo de los últimos ocho años. Para concretar
su programa político hoy se llama también a la construcción
del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), invitando "...
a los empresarios nacionalistas" a construir el PSUV, remarcando
nuevamente que quiere en realidad una organización política
donde estén juntos los altos oficiales las Fuerzas Armadas
del Estado burgués venezolano y los empresarios «nacionalistas»
con los sectores obreros, campesinos y populares. Lejos de la "profundización
de la revolución bolivariana" que ven algunos sectores
capituladores de la izquierda, el PSUV es la búsqueda del
enchalecamiento del movimiento de masas y de cualquier intento del
sector de los trabajadores que puedan buscar un curso independiente
del nacionalismo burgués.
Chavéz ha tenido roces con el
imperialismo yanqui por su apoyo a Irán y su oposición
a la invasión imperialista a Irak y del ejército sionista
al Líbano. Defendemos a Venezuela de cualquier eventual "represalia"
imperialista. Pero afirmamos que estas declaraciones no llevan a
una lucha antiimperialista consecuente, ya que ni siquiera apelan
a la movilización de los trabajadores y los pueblos del mundo,
sino a las estrechas relaciones diplomáticas con los gobiernos
capitalistas que, como Lula y Kirchner, administran la expoliación
de las naciones latinoamericanas, e incluso con gobiernos imperialistas
como el del Estado Español.
No hay grandes cambios en cuanto a
su proyecto estratégico de la "vía venezolana
al socialismo", en el que sigue y seguirá dominando
la explotación capitalista. La perspectiva del "socialismo
del siglo XXI" que plantea Chávez sólo se limita
a una semi-estatización burguesa en algunos sectores de la
economía, pagando a los grupos parasitarios que durante décadas
se llenaron los bolsillos a costa del hambre y la miseria de millones
de trabajadores y usuarios, permitiendo que sectores burgueses nacionales
e importantes firmas imperialistas sigan haciendo negocios millonarios
en otros sectores de la economía e incluso en la principal
industria venezolana, el petróleo. El plan del nacionalismo
burgués moderado de Chávez no va más allá
de impulsar y desarrollar todo un sector de la burguesía
venezolana, la no monopolista, mucho más dependiente de la
ayuda y protección estatal, al tiempo que también
se siguen garantizando sus negocios con el Estado a los monopolios
y grandes empresarios nacionales, y a las transnacionales.
Pero la retórica de Chávez
ha calado también más allá de las propias fronteras
venezolanas, incidiendo en la simpatía de importantes sectores
de masas en todo el continente, incluso en la adhesión al
proyecto chavista. Es sobresaliente que la amplia mayoría
de las organizaciones de izquierda a escala internacional, incluyendo
una amplia gama de las que se reivindican del trotskismo, se postran
frente al nacionalismo burgués de Chávez. Por eso
los marxistas revolucionarios tenemos que aunar fuerzas y sostener
un programa que se diferencie claramente del proyecto chavista de
manera tal de articular una política obrera independiente.
Frente a toda tentativa de ataque del imperialismo estaremos en
la primera fila para cerrarle el paso a la reacción interna
y extranjera, tal como lo hicimos junto a los millones que se movilizaron
contra el golpe de abril y del paro-sabotaje petrolero. Pero frente
a las engañosas "nacionalizaciones" del gobierno
venezolano y su intento de poner una camisa de fuerza a una posible
radicalización o endurecimiento de las luchas obreras, populares
y campesinas, de asegurar que no surjan importantes tendencias de
independencia política entre la clase trabajadora, o que
sean fácilmente anuladas, a través del PSUV, es más
necesaria que nunca la lucha por una política antiimperialista
consecuente y por la independencia política y organizativa
de la clase trabajadora. Sobre esta base es que hacemos un llamado
a las corrientes como la Liga Internacional de Trabajadores (LIT)
que tiene como principal referente al PSTU en Brasil, a la Coordinadora
por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional (CRCI) impulsada
por el Partido Obrero de Argentina, y al Partido Obrero Revolucionario
(POR) de Bolivia, que manifiestan hoy una posición independiente
del gobierno chavista. Desgraciadamente en Venezuela, organizaciones
del trotskismo, como el importante sector mayoritario que dirige
el PRS, influenciados por la UIT-CI (Izquierda Socialista de Argentina)
y apoyado por el MST argentino, se mantienen en el camino de llevar
cada vez más a los trabajadores tras las políticas
e iniciativas del gobierno, como se ha expresado últimamente
en la decisión de la corriente sindical C-CURA, única
fuerza real con influencia del PRS, de impulsar el PSUV, lo que
representa la culminación de una política que lleva
a diluir a la clase obrera en el pseudonacionalismo burgués
de Chávez.
Como primer paso hacia una política
obrera independiente creemos que es necesario levantar la lucha
por la nacionalización sin indemnización de todas
las industrias y empresas estratégicas de Venezuela bajo
el control y gestión obrera. Los socialistas revolucionarios
debemos pelear a escala nacional e internacional por la expropiación
sin pago y bajo control de los trabajadores y los usuarios de todas
las empresas privatizadas, en el camino de expropiar todas las grandes
empresas, la banca y las industrias estratégicas, como la
de hidrocarburos, mediante un gobierno de los trabajadores que planifique
el conjunto de la economía en forma racional y al servicio
de las grandes mayorías obreras y populares, acabando hasta
el final con la expoliación imperialista de las riquezas
del país. En esta perspectiva, tenemos que llamar a la más
amplia solidaridad de los trabajadores de las empresas transnacionales
en sus países de origen para que tomen en sus manos -mediante
sus organizaciones- este programa. La clase obrera venezolana debe
confiar solamente en sus propias fuerzas y métodos de lucha:
sólo así podrá sellar una verdadera alianza
obrera, campesina y del pueblo pobre verdaderamente anticapitalista,
que tenga como horizonte estratégico la lucha por conquistar
un gobierno obrero, campesino y del pueblo pobre. Frente a la política
de un PSUV es imprescindible que los trabajadores se expresen en
la vida política nacional de manera completamente independiente,
por eso es clave luchar por un partido propio de los trabajadores,
un gran partido obrero independiente basado en los organismos de
representación y lucha de los trabajadores (sindicatos combativos,
organizaciones sindicales clasistas, comités de fábricas,
etc.), basado en los métodos de la democracia obrera y que
levante un programa claramente anticapitalista. Este sería
un primer paso para avanzar en la construcción de un potente
partido obrero revolucionario que luche por un gobierno de los trabajadores
y el pueblo pobre, y avanzar hacia una verdadera revolución
obrera y socialista.
En síntesis, compañeros,
los llamamos a hacer una campaña conjunta por tres puntos
fundamentales:
a) Contra las falsas nacionalizaciones
de Chávez, luchar por la nacionalización sin indemnización
de todas las industrias estratégicas bajo control y gestión
obrera;
b) Luchar por un partido obrero independiente, para que la clase
obrera comience a pesar en la vida política nacional contra
todas las variantes del reformismo y el nacionalismo burgués;
c) La perspectiva de un gobierno obrero, campesino y del pueblo
pobre como única vía real para dar pasos hacia la
resolución de los principales demandas obreras, campesinas
y populares, contra toda la falacia del "socialismo del siglo
XXI".
Una campaña conjunta para dirigirnos
a las otras corrientes que actúan en Venezuela, tanto en
el PRS como en la corriente sindical C-CURA, y luchar por esta perspectiva
en cada uno de nuestros países y a nivel internacional. Esperamos
una pronta respuesta.
Juventud de Izquierda Revolucionaria
de Venezuela (Fracción Pública del PRS), Partido de
Trabajadores Socialistas (PTS) de Argentina, Liga de Trabajadores
por el Socialismo de México (LTS), Liga Obrera Revolucionaria
por la Cuarta Internacional (LOR-CI ) de Bolivia, Liga Estrategia
Revolucionaria (LER-QI ) de Brasil, Clase contra Clase de Chile
y Clase Contra Clase del Estado Español y FT Europa.
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